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EL TRADUCTOR – EL MEDIADOR CULTURAL POR EXCELENCIA

Mucho se habla del traductor como un verdadero mediador cultural, lo cual es muy lógico ya que su labor es precisamente esa: facilitar la comunicación entre hablantes pertenecientes a diferentes culturas adecuando entre sus textos la cultura de origen y la cultura de destino. Así lo afirma Nuria Ponce Márquez (2007: 1) en el apasionante mundo del traductor como eslabón invisible entre lenguas y culturas,

[…] No cabe la menor duda de que la adecuación que debe llevar a cabo el traductor en su obra implica un conocimiento profundo no sólo del par de lenguas de trabajo sino, sobre todo, de las implicaciones culturales de ambas lenguas. Por todo esto, el traductor se convierte en un eslabón intercultural que actúa de mediador entre la cultura origen y la cultura meta. […].

En muchas ocasiones anteriores, hemos hablado de la importancia que tienen los idiomas y la necesidad de preservarlos pues es a través de estos que van implícitos los principios, valores, costumbres y tradiciones que forman parte de las raíces de los hablantes.  Mediante el habla, una persona no solo se está comunicando, también está expresando sus pensamientos, su cultura y esto es lo que hace que el traductor no solo se limite al aprendizaje de un idioma y a la aplicación de las distintas técnicas de traducción, implica también que conozca de las culturas para poder así hacer su trabajo con precisión y de una manera adecuada.

Eugene Nida (199:1) una vez dijo: “los errores más grandes en traducción e interpretación no resultan normalmente de una insuficiencia de palabras, sino de la falta de suposiciones culturales correctas.”  Significa entonces que en el proceso de formación para ser traductor profesional, o en su caso interprete, no sólo se debe incluir en los programas de estudio un aprendizaje profundo de lengua sino además de la cultura.  De lo contrario, es posible el traductor, eventualmente, no logre transmitir el verdadero sentido del texto para la audiencia a la cual va dirigida.

Recordemos que es el traductor el que juega el papel central en este proceso. Es el traductor quien está encargado de brindar un doble servicio: llevar el mensaje del autor del texto fuente para que este llegue al receptor final en su propia lengua,  pero además está a cargo de llevar consigo la trasmisión cultural. Según algunos doctrinarios, el traductor se convierte en un productor de un instrumento comunicativo. Es gracias a esto que el traductor puede conseguir reacciones en el lector final y aquí es donde se puede comprobar la funcionalidad de su traducción como lo explica Nord (1991).

Esta labor es muy importante para la comunicación entre los distintos hablantes alrededor del mundo y lograr una comunicación eficaz. Pero sin duda alguna, es un proceso bastante complejo. Es complejo pues el traductor en muchas ocasiones debe averiguar el sentido de un texto. Muchas veces ocurre que existen ciertos vacíos en la redacción, lo que dificulta su comprensión y por lo que el traductor debe a veces “rellenar” estos vacíos a fin de darle un sentido correcto para poder satisfacer las expectativas del lector que en sí es un receptor final. Es aquí donde toma gran importancia el estilo.

Dicho de otra manera, está el traductor, entonces, conectando mundos diversos y en ocasiones  lapsos de tiempo muy diferentes. Gran parte del traspaso de saberes y progreso de la humanidad se debe a la intervención de los traductores en las distintas etapas de la historia. Un ejemplo de esto es, por ejemplo, la traducción de las obras de Aristóteles o Platón, las cuales podemos leer en la actualidad gracias a los traductores. Y no podemos dejar atrás la traducción de la Biblia, la cual aún en tiempos modernos, el Papa Francisco ha solicitado la revisión de la oración que Jesús les enseñó a sus discípulos – El Padre Nuestro – pues en sus versiones en francés, inglés, alemán, italiano y otros idiomas no considera que sean correctas proveniente de un error de traducción de los evangelios de Mateo y Lucas, que están escritos, originalmente, en griego. Por su parte, considera la versión en español como correcta. Afirma, pues el Pontífice, que en francés se decía “ne nous soumets pas à la tentation” (no nos sometas a la tentación) y pasó a decirse “ne nous laisse pas entrer en tentation (no nos dejes caer en la tentación – la cual coincide con la versión en español)” para evitar que los fieles cometan el error de pensar que Dios incita al pecado. En este caso en concreto, no se trata de una modificaición a la oración sino de buscar una traducción adecuada.

Cuando una persona habla, consciente o inconscientemente, como decíamos anteriormente, está transmitiendo su forma de ver el mundo, sus tradiciones y sus costumbres, sus gustos y sus desagrados. Recalcamos entonces que el traductor es un participante activo e indispensable en una comunicación intercultural, ya que los hablantes no pueden comprenderse sin su intervención. Se confirma una vez más como estos profesionales se encargan de realizar los traspases culturales adecuados, o no tan adecuados como en el ejemplo anterior que ha causado tanta polémica entre los fieles.

Sin importar la naturaleza del texto, sin importar su idioma de origen y/o su idioma de destino, para minimizar este tipo de errores, lo más aconsejable es que las traducciones, por muy sencillas que sean, sean realizadas por un experto sea que decidas contratar los servicios de un traductor profesional independiente o bien que contrates los servicios de una agencia de traducción. Haciendo una buena búsqueda puedes encontrar compañías de traducción muy eficientes y confiables a precios accesibles. Lo importante es que lo encomiendes a los que saben, a los que se han formado para esta labor, pues son los que sabrán como realizar un análisis del texto a traducir y conjugar la interpretación del texto con su creación para producir un texto nuevo, fiel al original, dentro de un sistema lingüístico diferente para una cultura diferente. El traductor sabe algo más que dos lenguas, conoce culturas diversas y mundos con perspectivas diferentes. No cabe duda, ¡el traductor es el mediador cultural por excelencia!

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