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ELEMENTOS CULTURALES EN LA TRADUCCIÓN

A partir de los años sesenta y siempre con creciente intensidad, la traductología se ha ido interesando por las relaciones entre lengua y cultura.

La teoría funcional de la traducción, teorizada por Nord (1997), Reiss, Vermeer (1996) y otros importantes estudiosos, a pesar de no referirse explícita o exclusivamente a la traducción literaria, introduce problemas y parámetros metodológicos que son fundamentales en la transferencia de una cultura de partida a otra de llegada.

En la década de los sesenta, Nida propuso una distinción entre equivalencia formal y la equivalencia dinámica para destacar las diferencias entre una traducción totalmente vinculada a los aspectos lingüísticos y otra más orientada al efecto comunicativo global del mensaje traducido. Sin embargo, esta distinción no fue complementada por una reflexión sobre la interpretación del texto como tarea del traductor.

La palabra culturema se usa en traductología para indicar los aspectos específicos de una cultura que pueden poner problemas concretos de trasposición a otra cultura. Su definición se debe a Vermeer (1983) que la propuso así: “Culturema: Un fenómeno social de una cultura A, que es considerado relevante por los miembros de esta cultura y que, cuando se compara con un fenómeno social correspondiente en la cultura B, se encuentra que es específico de la cultura A” (1983: 8). Por lo tanto, el concepto de culturema es relativo, porque un elemento de una cultura A que puede resultar específico en una cultura B no lo es para una cultura C.

Es común que la lengua sea el instrumento más importante de comunicación y reflexión de la realidad cultural.  En el caso de la comunicación entre dos idiomas, como en el caso de la traducción, la dificultad es “trasladar ” el mensaje del texto original que se ha de transmitir  a otra realidad cultural.

En otras palabras, o como lo expresa Nord (2014, p. 24), el mensaje del texto tiene que ser referido a la realidad cultural del receptor de la cultura meta, es decir, hay que sobrepasar la llamada “barrera cultural”.

Quiere decir entonces que la traducción es tres en una: lengua + texto + cultura. Ese acto de trasladar un mensaje de una lengua a otra mediante el proceso de traducción, en su esencia como acto lingüístico, además es un acto social en una situación particular que a su vez se materializa en el producto o resultado – el texto traducido.

Es muy importante que este resultado final, o texto traducido, posea una coherencia cultural. ¿A que nos referimos con esto? Nos referimos  a que en tal caso, el texto de meta (es decir, el texto traducido) debe encontrar sus raíces en la cultura de meta sin embargo no debe de perder por completo la relación que tiene con el texto de origen y por ende con la cultura de origen. Su motivación es la fidelidad al texto original.

Se visualiza en este sentido al traductor como un mediador  ya que es un productor, receptor y portador de cultura.

Frecuentemente se encuentran las denominaciones “elementos culturales específicos” (specific cultural items) o culturema, como en la definición siguiente:

Los elementos culturales específicos son aquellos elementos actualizados textualmente cuya función y carga intertextual en un texto fuente causan un problema de traducción debido a la inexistencia del elemento referido en el sistema de destino o debido a sus diferentes implicaciones intertextuales y culturales. (Franco Aixelá, 1995:114).

Molina define el concepto de culturema como “un elemento verbal o paraverbal que posee una carga cultural específica en una cultura y que al entrar en contacto con otra cultura a través de la traducción puede provocar un problema de índole cultural entre los textos origen y meta” (2001: 89).

Según este mismo autor estos elementos culturales se deben a:

Medio natural: diferencias ecológicas entre zonas geográficas, como fauna, flora, fenómenos atmosféricos, vientos, climas, paisajes y topónimos;

Patrimonio cultural: referencias físicas o ideológicas de una cultura, la cultura religiosa, cultura material como objetos, productos, artificios, personajes ficticios o reales, hechos históricos, festividades, creencias populares, folklore, obras, movimientos artísticos, cine, música, monumentos emblemáticos, lugares conocidos, urbanismo, instrumentos musicales, técnicas de pesca y agricultura, medios de transporte, etc.;

Cultura social: convenciones y hábitos de una cultura, formas de tratamiento y cortesía, modo de comer, vestir, valores morales, gestos, saludos, sistemas políticos, legales, educativos, organizaciones, oficios o profesiones, monedas, calendarios, eras, medidas, pesos, etc.;

Cultura lingüística: transliteraciones, refranes, frases hechas, nombres propios con significado adicional, metáforas generalizadas, asociaciones simbólicas, interjecciones, insultos, blasfemias, etc.

Basándonos en el principio de coherencia cultural, significa entonces que crear un producto de uso exclusivo para el lector, desnaturalizando completamente el texto fuente, no parece una opción viable.

Para poder solventar este problema,  Bruno Osimo, define estrategias de traducción que plantean fundamentalmente tres opciones: la neutralización, la sustitución y la explicitación.

Pero además Molina y Hurtado Albir plantean soluciones más amplias a partir de  las siguientes técnicas de traducción:

Adaptación: reemplazar un elemento cultural por otro propio de la cultura receptora.

Ampliación lingüística: añadir elementos lingüísticos.

Amplificación: introducir precisiones no formuladas en el texto original (informaciones, paráfrasis explicativas, etc.).

Calco: traducir literalmente una palabra o sintagma extranjero.

Compensación: introducir en otro lugar del texto un elemento de información o un efecto estilístico que no ha podido reflejarse en el mismo sitio en que está situado en el texto original.

Compresión lingüística: sintetizar elementos lingüísticos.

Creación discursiva: establecer una equivalencia efímera totalmente imprevisible fuera de contexto.

Descripción: reemplazar un término o expresión por la descripción de su forma y/o función.

Equivalente acuñado: utilizar un término o expresión reconocido (por el diccionario, por el uso lingüístico) como equivalente en la lengua de llegada.

Generalización: utilizar términos más generales o neutros.

Modulación: realizar un cambio de punto de vista, de enfoque o de categoría de pensamiento en relación con la formulación del texto original.

Particularización: utilizar términos más precisos o concretos.

Préstamo: integrar una palabra o expresión de otra lengua sin modificarla; puede ser puro (sin ningún cambio) o naturalizado (transliteración de la lengua extranjera).

Reducción (elisión): no formular elementos de información del texto original.

Sustitución: cambiar elementos lingüísticos por paralingüísticos o viceversa.

Traducción literal: traducir palabra por palabra un sintagma o expresión.

Transposición: cambiar la categoría gramatical.

Variación: cambiar elementos lingüísticos (o paralingüísticos) que afectan a aspectos de la variación lingüística (tono, estilo, dialecto social, dialecto geográfico, etc.).

A modo de conclusión, podemos decir que los elementos culturales influyen de manera importante a la hora de traducir pues se sitúa la traducción en el centro de dos polos, habrá quienes afirmen que ninguna traducción es totalmente aceptable en la cultura de destino porque introduce nueva información y formas desconocidas para ese sistema; y por otro lado la traducción tampoco se ajusta a la versión original porque las normas culturales provocan cambios en las estructuras del texto de origen.

En este sentido, el traductor se encuentra en un aprieto, ya que no sólo debe tener en cuenta el modelo cultural de los destinatarios del texto, sino que también debe respetar el nexo del texto original con la cultura de destino y, de este modo, garantizar las coherencias entre las distintas partes del texto traducido.

¿Y qué salida tiene el traductor, entonces?

Las adaptaciones de la gramática, del léxico y de las referencias o elementos culturales son esenciales a fin de lograr naturalidad. Ante esto, y siguiendo los postulados de Nida, podemos decir que el éxito de una traducción dependerá principalmente del logro de la respuesta equivalente.

Muchas veces hemos dicho que una mala comprensión por parte del lector o un error de traducción podrían acarrear graves consecuencias. Al contratar los servicios de una agencia de traducción, te estas asegurado que cuentan con el personal calificado para solventar de forma oportuna cualquier dificultad sea léxica o cultural tan determinantes en cuanto a la calidad de una traducción. Los traductores profesionales son expertos en lingüística y como antes dicho, también al ser mediadores, no solo son productores sino también portadores de cultura. Si quieres una traducción confiable y de calidad recurre a un profesional.

 

Referencias:

Cuadernos de Lingüística Hispánica n°. 26, Julio-Diciembre 2015

Molina, Lucía (2001). Análisis descriptivo de la traducción de los culturemas ára- be-español. Tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona.

Molina, Lucía; Hurtado Albir, Amparo (2001). Translation techniques revisited: a dynamic and functionalist approach. Meta 47 (4), 398-512.

Pym, Anthony, Shlesinger, Miriam, Jettmarová, Zuzana (2006). Sociocultural As- pects of Translating and Interpreting. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins Publishing Company.

Tahir-Gürçağlar, Şehnaz ([2002] 2007). What Texts Don’t Tell. The Uses of Para. – texts in Translation Research in Crosscultural Transgressions. Research Models in Translation Studies II: Historical and Ideological Issues. Theo Hermans (ed.), 44-60. Beijing: Foreign Language Teaching and Research Press.

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