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LA TRADUCCIÓN DE ELEMENTOS CULTURALES EN LA LITERATURA INFANTIL

¿Cuál es la dificultad de traducir un par de líneas que sólo acompañan una colorida ilustración? ¡La traducción literaria infantil es muy fácil! Esta idea es algo que comparten no sólo personas ajenas al mundo de la traducción, sino también traductores de otros campos de especialización e incluso traductores de literatura para adultos que no conocen cuan compleja puede ser la traducción literaria para niños.

La traducción de cuentos infantiles conforma parte de la traducción literaria, viene entonces la pregunta ¿Cómo puede resultar difícil para un traductor literario (para adultos) la traducción de una obra literaria para niños? Aunque no lo creas, ¡puede resultar muy complicado! Veamos por qué…

Antes que nada, para que un libro llegue a las manitas de un pequeño, es todo un proceso de elección. Desde que se escribe una obra literaria infantil hasta que finalmente llega a sus pequeños lectores, los padres son el último de varios intermediarios, después del autor, la editorial y el vendedor de libros quienes seleccionan el contenido que se considera como apropiado para los pequeños. En el caso de las obras escritas en otros idiomas, el traductor, se suma a estos intermediarios seleccionando que técnica utilizara para traducir de la manera más simple pero fiel al texto original de modo que la lectura sea una adecuada para sus lectores finales – los niños.

Si bien es cierto que todos ellos tratan de tener en cuenta las necesidades y los deseos de los niños en su elección, considerando lo que estiman más conveniente, también lo es el hecho de que ninguno de ellos es un niño y, por lo tanto, no piensa ni actúa ni ve el mundo como un niño.

La literatura ha sido creada con el objetivo de transmitir a los lectores la belleza, principios, valores y cultura a través de la palabra, para que disfruten de cada uno de los párrafos que leen. La sensibilización estética y social son claves iniciales para que el lector continúe leyendo a lo largo del texto. Aquí encontramos otra dificultad en cuanto a la literatura infantil. A lo largo de la historia, a través de los diferentes continentes es un denominador común el velar por el mejor interés del menor. Eso incluye su salud mental, la manera en cómo ha de educarse mejor a los niños, pero eso depende del factor cultural y social al que se pertenezca y de cómo cada padre desea formar a su hijos. En algunas culturas se busca proteger a la niñez, en otras se considera que los niños simplemente no pueden quebrantar las normas establecidas por los adultos, en otras se concibe la idea de que el niño no debe identificar nada que sea ajeno a él para que todo lo que aprenda le resulte familiar y pueda sentirse identificado.  Acerca de la literatura infantil se ha discutido mucho pues si lo analizamos todos son enfoques diferentes, pero el punto central siempre es la niñez y lo que se considera en su beneficio.

El traductor profesional que decida dedicarse a la literatura infantil, sin duda ha de enfrentarse a un gran reto. Como se sabe, el traductor es el mediador cultural por excelencia. Como bien lo ha afirmado Nuria Ponce Márquez (2007: 1) el traductor entre sus funciones está el de facilitar la comunicación entre hablantes pertenecientes a diferentes culturas adecuando entre sus textos la cultura de origen y la cultura de destino. Los niños no han de ser la excepción. Podemos inferir, entonces, que el traductor tiene la misión de ampliar el alcance del niño para que conozca otras culturas y ambientes, poner a su disposición un mayor volumen de literatura, contribuir al desarrollo del conjunto de valores del niño y ofrecer al niño un texto que pueda ser entendido y a la vez entretenido adecuándolo para sus limitados conocimientos dada su corta edad. Y aquí nuevamente encontramos un gran reto para el traductor – encontrar las palabras apropiadas que sean sencillas para la mejor comprensión del pequeño lector per a la vez mantener la fidelidad del texto de origen. Ha entonces el traductor de sabiamente utilizar las diferentes técnicas a modo de poder modificar o adaptar el contenido de manera que la esencia no se pierda. ¡Mira que complicado! ¡Y cuantos creen que es una labor fácil!

Al respeto se han discutido dos tendencias. Por un lado hay quienes sostienen que el traductor puede tener libertad para modificar el texto para que sea apropiado y útil para el niño, y siempre que la sociedad lo considere “bueno” para el niño. Otros son del pensamiento que el traductor tiene libertad para modificar la trama, los personajes y el lenguaje para adaptarlos al nivel de capacidad de lectura y comprensión del niño. Sea como sea que se haga, es una misión muy compleja pues debe el traductor, en ambos casos, ser muy cuidadoso y a su vez muy detallista para lograr estimular la imaginación, la atención y la comprensión de su pequeño lector.

Traducir e interpretar una obra literaria requiere siempre una atención especial y un conocimiento profundo, no sólo de la lengua original y de destino de la obra, sino también de sus referentes sociales y culturales.  Cuando se trata de literatura infantil, la responsabilidad del traductor es aún mayor. Por un lado, traducir textos con referencias culturales desconocidas dificulta el proceso general de comprensión y recuerdo en niños de corta edad. Así entonces, el uso excesivo de extranjerismos también podría resultar muy incomprensible. Pero, por otro lado, traducir textos puede también favorece la capacidad de recuerdo y de identificación con la cultura de llegada. De técnicas se pueden utilizar varias, pero quizás la más eficaz será que el traductor saque el niño que lleva dentro para poder hacer mejor su labor.

Cuando de traducir se trate, y más tratándose de los pequeños del hogar, lo mejor es encargar esta misión a los conocedores. Si tienes algún libro de cuentos que te gustaría que tus hijos leyeran pero que está en un idioma que tu pequeño desconoce, contrata los servicios de un profesional, sea un traductor especializado o una agencia de traducción pues “desvelar para ellos la magia de la literatura, es ayudarles a constatar quizás por primera vez, que la palabra es capaz de traspasar las fronteras de la realidad”. (Ana María Navarrete – artículo sobre traducción para niños del Servicio de Orientación de Lectura)

 

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