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¡NO HAY MARGEN DE ERROR EN LA TRADUCCIÓN DE CONTRATOS!

Los textos jurídicos son célebres por su complejidad a la hora de entenderlos y de traducirlos. A la hora de traducir contratos ¡no hay margen de error! Si se produjera una diferencia aparentemente insignificante con respecto al texto original, podría producirse una desventaja inesperada que perduraría durante toda la vigencia del contrato. Los errores de traducción pueden resultar en una costosa mediación o incluso en honorarios legales.

Los contratos legalmente vinculantes deben ser traducidos por un lingüista profesional con experiencia probada en la traducción de contratos o por un proveedor de servicios de traducción que se especialice en servicios de traducción legal. Es decir, para traducir contratos no necesitas ser Abogado ni Notario, y tampoco si eres Abogado o Notario quiere decir que estas apto para traducir contratos, a menos que poseas suficientes estudios y formación en traducción; ya que, en el ámbito legal, se requiere de terminología muy exacta y muy precisa. Requiere no solo un conocimiento lingüístico, sino también el conocimiento jurídico.

Para comenzar, vamos a decir que contrato es por excelencia un instrumento jurídico de un acuerdo de voluntades que se manifiesta en común entre dos o más personas (físicas o jurídicas) por escrito. Sus cláusulas regulan las relaciones entre los firmantes en una determinada materia. A la hora de determinar el contenido de cualquier tipo de contrato, también deben estipularse, de manera obligatoria, tres elementos fundamentales: los datos relativos a los sujetos que lo suscriben, los fundamentos de la prestación y contraprestación que se establece, y la forma en la que se da el visto bueno a aquel por parte de las dos partes implicadas.

Muchos son los tipos de contratos que existen, no obstante, entre los más significativos se pueden mencionar:

  • Contrato Privado: es el realizado directamente por las personas que lo suscriben.
  • Contrato Público: el que se encuentra autorizado por empleados públicos.
  • Contrato Formal. En este caso, se trata del contrato que, tal y como establece la legislación pertinente, cuenta con una manera muy concreta de consentimiento por parte de los sujetos que intervienen en él.
  • Contrato Bilateral: establece que quienes los suscriben contraen desde ese mismo momento una serie de obligaciones.

La mayoría de los sistemas jurídicos exige que los contratos cumplan con tres requisitos: el consentimiento (la voluntad de las partes), el objeto (las cosas o servicios que pueden ingresar en el ámbito del comercio) y la causa (el motivo que lleva a las partes a celebrar el contrato).1

La traducción de contratos cada día se hace más necesaria conforme van aumentando las relaciones internacionales y es que cada vez hay más empresas operando a nivel internacional, y se hace muy necesario que se establezcan por escrito las condiciones de trabajo, los convenios que celebren así como las obligaciones que ambas partes firmantes contraen. De este modo, las partes se vinculan de forma legal.

Todos los contratos dan lugar a efectos jurídicos, que son las obligaciones exigibles establecidas en su contenido. Eso hace que la traducción de contratos sea muy rigurosa para reproducir el significado fielmente deseado y necesario, ya que, algo que a simple vista parece un simple termino, podría cambiar jurídicamente la intención del texto. Por ejemplo, domicilio y residencia, nulidad y anulabilidad, no tienen el mismo significado, aunque puedan parecer iguales. Tampoco podemos confundir entre arrendador y arrendatario. Como traductores, sería un gran error caer en la tentación de hacer nuestra propia interpretación si el texto no lo permite. A lo mucho podemos elaborar las conocidas notas del traductor para explicar nuestra traducción o advertir sobre posibles ambigüedades. Podemos hacer uso de las mismas cuando no existe una equivalencia clara en la traducción de instituciones, cargos, títulos, etc. Recordemos que los sistemas jurídicos son diferentes. Un claro ejemplo es el sistema anglosajón y el continental por lo que aquí el traductor profesional se enfrenta a una dificultad añadida.

Dicho lo anterior, podemos concluir que las consecuencias de una mala traducción de un contrato son inmediatas, ya que distorsiona la intención que las partes querían dar al texto, generando problemas de interpretación a quienes deben aplicarlo. Potencialmente tiene un impacto aún mayor a largo plazo, en caso de litigio, cuando la distorsión de lo que las partes quisieron decir puede llevar a una resolución injusta o contraria a la intención inicial de las partes. Para disminuir estos riesgos, estos costos, estos malestares indeseados, es muy importante contratar los servicios de una compañía de traducción o de un traductor profesional especializado en este tema.

 

 

Referencias:

1Julián Pérez Porto y María Merino. Publicado: 2010. Actualizado: 2014. Definicion.de: Definición de contrato (https://definicion.de/contrato/)

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