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TRADUCCIÓN DE CONTRATOS

En los últimos años, se ha producido un significativo aumento de las solicitudes de traducción de contratos debido a la globalización y a la internacionalización de las empresas y los intercambios comerciales. Pero, ¿cuál es el procedimiento a seguir? ¿Quién es responsable de este tipo de traducción?  ¿Cómo evaluar la calidad de la traducción de un contrato?

Imagina que acabas de concluir un acuerdo entre varias partes para conciliar intereses o perseguir un objetivo común. Por razones personales o profesionales, deseas que se traduzca este contrato. El primer paso es determinar en qué idioma se traducirá el contrato. La lengua del contrato debe coordinarse con la del país en el que se encuentre el tribunal competente el cual, sin ningún lugar a dudas, deberá estar establecido entre las cláusulas contractuales. Esto es de suma importancia ya que en caso de alguna inconformidad o incumplimiento por una de las partes será dicho tribunal el competente para impartir justicia.

Traducir contratos no es cosa sencilla. De hecho, se dice que la traducción jurídica es una de las ramas de la traducción más difíciles. Como traductora y Abogado, lo puedo afirmar.

Para poder dedicarnos a esta rama de la traducción debemos estar debidamente capacitados en la traducción jurídica dado a que se necesitan sólidos conocimientos tanto del derecho nacional como del derecho extranjero. Esto no quiere decir que todos los traductores debemos ser Abogados, no, pero sí haber recibido una formación completa en cuanto a la terminología y técnicas para poder emplear los términos jurídicos (o su equivalente) y no cometer errores que podrían gravemente afectar a una de las partes o ambas.

Si eres traductor y además eres Abogado, eres la persona óptima para desarrollar esta labor. Si eres solo Abogado, por mucho que domines el idioma de origen y el idioma de meta, lo mejor es que te asistas de un traductor profesional con experiencia en este ámbito para traducir este tipo de documentos. Si eres traductor – ¡capacítate!

La traducción en sí misma ya es un proceso complejo que involucra muchas habilidades específicas. Sin embargo, la traducción de documentos legales es más exigente, ya que las ramificaciones de incluso el más mínimo error implicarán un proceso legal complejo, a pesar de los costos financieros, para que se pueda revertir.

Hay algunas cosas que hay que tener en cuenta cuando se hace una traducción jurídica. El texto fuente está estructurado para seguir el sistema legal que se ajusta a su propio idioma y cultura legal. El texto de destino, por otro lado, será leído por otra persona que esté familiarizada con otro idioma y sistema legal.

Debe haber derechos y obligaciones claramente definidos para todas las partes interesadas en el contrato al crear la traducción. Por tanto, debes asegurarte de que se entreguen con precisión en los textos de origen y destino. Asimismo, debes recordar que las estructuras lingüísticas de la lengua de origen pueden no tener equivalentes directos en la lengua de destino, por lo que es responsabilidad del traductor encontrar una estructura lingüística adecuada que sea similar al texto de origen.

En su artículo ‘Semantic and legal interpretation: clash or accord?’ (2009), Marta Chromá enumera las razones para hacer una traducción de un texto jurídico:

– Informar al público meta sobre un determinado asunto legal (como, por ejemplo, la justicia administrativa en un país particular);

–  Hacer posible una transacción legal privada, como un contrato, por ejemplo;

– Crear un documento público con poder legal, como la legislación. (Chromá 2009:27)

Y es que hay muchos aspectos a considerar.

La traducción legal tiene plazos estrictos, porque cuando los documentos traducidos son necesarios, especialmente en los tribunales, un retraso puede hacer que el documento sea nulo y sin valor.

La confidencialidad es imperativa ya que casi todos los documentos legales contienen datos confidenciales muy sensibles.

Los abogados, cuando tratan con problemas legales internacionales, tienen que tratar con palabras que deben ser escritas con precisión, las cuales dependen de una buena estructura de oraciones, sintaxis y selección de palabras. Por esta razón, los traductores deben tener la experiencia y los conocimientos necesarios de la terminología jurídica tanto en el idioma de origen como en el de destino. Recuerda que un abogado  dependerá al 100% de la experiencia del traductor para traducir documentos extranjeros a su propio idioma y poder hacerlos válidos y ejecutables.

La traducción de documentos jurídicos en idiomas extranjeros se considera más difícil que otras traducciones técnicas. Esto es porque la terminología jurídica empleada es lo que lo hace difícil ya que cada país tiene su propia terminología o jerga jurídica, así como su propio sistema legal. La mayoría de las veces, esto también es diferente de otro país, incluso si el idioma que hablan es el mismo.

Un traductor que se dedique al ámbito jurídico debe tener las competencias en tres áreas: competencia en el estilo de redacción particularmente en el idioma de destino, familiaridad con la terminología pertinente y conocimiento general de los sistemas legales de los idiomas de origen y de destino. No hay lugar para la traducción palabra por palabra cuando se traducen documentos jurídicos. Es decir, una traducción literal, seria completamente desastrosa.

Debido a esto, el traductor de documentos jurídicos debe ser en parte “detective”, especialista en derecho y ser un lingüista con la cantidad de trabajo de investigación que se necesita para poder interpretar la fuente y escribir su significado real, que nunca, bajo ninguna circunstancia, se desviará del contenido original, incluso si no es posible una traducción exacta. En el caso de que no existe equivalencia en el sistema legal de fuente, procede a realizar una traducción explicativa (glosario intertextual, entre corchetes; o glosario extra textual, una nota a pie de página).

Asimismo, el traductor debe entender dónde se va a utilizar la traducción, ya que esto afectará el enfoque al traducir el documento. Afectará varios parámetros, incluyendo tono, sintaxis, fraseología y terminología. Cuando el texto fuente no está bien escrito, también es tarea del traductor decidir si traducirlo vagamente como el original – lo que podría ser el caso, pero se puede ver afectado por una escritura deficiente o incomprensible – o hacerlo significativo. En todo caso, lo importante es evitar la ambigüedad y hacer un texto claro y fiel al original. De lo contrario se puede hacer una interpretación incorrecta generando una vez más algún tipo de disputa.

El proceso de traducción

Según Marta Chromá, el proceso de traducir textos jurídicos debe conformarse al siguiente esquema:

Texto fuente -> “Intralengua” -> “Interlengua” -> adaptación -> texto meta (2009:29).

Como traductores, debemos prestar especial atención a la traducción de estos documentos, a fin de ser muy cautos con la terminología jurídica que elegimos. Como clientes debemos asegurarnos de contratar los servicios de  traductores especializados en traducciones jurídicas. Para ello, lo mejor es contactar a una agencia de traducción confiable o a traductores independientes que puedan confirmar su capacidad para traducir este tipo de textos.

Recuerda que la esencia misma del contrato requiere que se relacionen las partes y que negocien las condiciones de esa relación que se reflejarán en el mismo. Ante una mala traducción, pueden ocurrir serias consecuencias. ¡El contrato es fuente directa de derechos y obligaciones!

 

 

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